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�FRICA | por Alerta 360 Internacional

 

Amarillo, rojo y negro
Por Andr�s Silva Haro
Última modificación: 10 de diciembre de 2009 | Descargar en formato PDF

 

Una colosal campaña de intelectuales, artistas y agencias humanitarias atormenta con la culpa a occidente acusóndole de haber empobrecido y saqueado el continente negro a través del capitalismo y los períodos colonialistas. Una posición asumida no sólo por la producción académica sino también - y en mayor grado - por la industria del entretenimiento.

 

Tal pareciera ser que como una suerte de lepra gangrenosa, la introducción de conceptos como libre iniciativa, propiedad privada o derechos humanos �contaminó una tierra id�lica que convivía en una armonóa natural. Era el ed�n del �buen salvaje�. Para�so que se rompió con la llegada del malvado hombre blanco y hoy nos aterra y avergüenza la consecuencia.

 

Pero dejemos el análisis de lo que funciona bien - y sus causas - en el continente áfricano y concentrómonos en la enorme, tremenda y descomunal hipocresiáde los acusadores. Escandalizados por las operaciones occidentales en África, rasgan sus vestiduras y lloran el saqueo, el expolio occidental a las buenas gentes áfricanas. Acusación en parte ver�dica y en gran parte malintencionada, cuando no falaz.

 

Pero el silencio, esa omisión cómplice que se condena para unos, se vuelve sumisión afectuosa para otros�

 

China, el gigante rojo famoso por sus crímenes y tiranía, ha sostenido durante décadas é desde la Guerra fría é operaciones en gran escala en toda África. Opuestos a la presencia norteamericana que apoyaba los movimientos libres en el continente, primero, y luego contra sus camaradas soviéticos enfrentados en bandos opuestos, China gobierna hoy en África sin competencia. NorteAmérica, desprestigiada y acomplejada, no apoya más a los movimientos de independencia y liberación. Rusia se encuentra muy lejos de las operaciones militares propias de la guerra fría. Los chinos se pasean impunemente como dueños de casa y saquean las riquezas continentales a cambio de dinero y de armas. Los regímenes áfricanos, recibiendo a manos llenas millones de dólares y armamento para continuar sus masacres locales, ceden a los expolios, sonrientes y cooperadores.

 

 En África se libra la Última de las batallas de la civilización. Allá, donde en un primer momento las empresas occidentales encontraron campo abierto para sus operaciones comerciales, ha llegado el gigante rojo a competir en sus términos, con un sentido despiadado en lo económico y libre de escr�pulos a la vista de las clamorosas violaciones a los derechos humanos que presencian, tal vez por parecerles connaturales a sus prácticas e incluso é pese a lo salvajes é leves en comparación a la realidad interna amarilla.

 

El colonialismo imperialista rojo abarca de norte a sur el continente. Las minas de Zambia son controladas en un 80% libre de impuestos gracias al �gesto de simpatía� del gobierno local. Un gobierno que, si bien reconoce el déficit energ�tico nacional, raciona la electricidad para alimentar a los chinos explotadores de las minas. Lo anterior, como es previsible, aumenta el resentimiento de la ciudadanía local, que no recibe trabajo ni beneficios. La gestión de seguridad tanto como las prácticas laborales y comerciales de las 160 empresas chinas han desatado un fuerte sentimiento anti-chino expresado en el contundente apoyo a los candidatos opositores a la invasión roja y proclives al régimen taiwanós.

 

Las ultra-contaminantes plantaciones de algod�n de Costa de Marfil ahora son chinas y extienden sus tentúculos sobre los cultivos de mandioca y caiáde azúcar de Nigeria para sus destiler�as de etanol.

 

En un escenario casi surrealista, el continente negro ve pulular cientos de trabajadores de piel amarilla y ojos rasgados levantando instalaciones y construcciones estratégicas a la par de sus comerciantes que inundan los mercados locales con sus productos económicos y de mala calidad, pero accesibles para la empobrecida población del lugar.

 

Sin intervención directa en las políticas nacionales, el rugido de China se hace o�r� si no acompañían sus intereses. En otras materias, el gobierno local puede hacer cuanto desee: genocidios, masacres, hambrunas, epidemias o tiranías. China es socia tanto de dictadores como Mugabe, presidente de la empobrecida Zimbawe, como de tiranías genocidas en el caso de Sudán, principal destinatario de las inversiones rojas y segundo proveedor de hidrocarburos a China. El régimen de Darfur sostiene relaciones tan �ntimas con el de Pek�n como la multimillonaria central eléctrica de Merowe, con la consiguiente deportación de 50.000 habitantes a cambio del ingreso de 1.800 millones de dólares y el consentimiento de las masacres sudanesas. Un genocidio que ha costado más de un cuarto de millón de víctimas y un desplazamiento de al menos dos millones y medios de personas. Pero a cambio del 65% del petróleo de Jartum y un negocio de armamentos que según Human Rights Watch alcanza al menos a una de cada diez armas que llegaron al país, Pek�n puede callar ante la tragedia.

 

Una vez más, fracasa la estrategia occidental de negociaciones en confortables salones de tú y teorías académicas de buen tono. Progresivamente las propuestas bien educadas de occidente van retirando la influencia occidental en África y ceden terreno a los ambiciosos intereses mao�stas.

 

El continente negro se ha convertido, como otras zonas estratégicas del planeta, en el patio trasero de los regímenes comunistas. Allá liberan sus materiales túxicos, extienden toda clase de tráficos ilegales, saquean materias primas y, por sobretodo, se financian. Sus prácticas de negocios (comisiones, fraudes, corrupción, daños al medio ambiente, etc.) no hacen sino agravar el panorama.

 

El neocolonialismo de un continente des-colonizado por sus tropas ha llegado. El comercio con las naciones rojas é con China a la cabeza é suma miles de millones de dólares y sigue en aumento. Hoy en día China supera a los países europeos como socios comerciales y se espera que en menos de un quinquenio supere a los Estados Unidos, atenazado tanto por la crisis económica como por el creciente - y orquestado por las izquierdas mundiales - rechazo a su presencia en el mundo. Mientras, el repudio hacia unos se convierte en simpatías hacia los otros, con sus centenares de empresas y millares de obreros que trabajan en condiciones sub-humanas.

 

Para comprender en perspectiva, si a principios de los �90 China mantenía inversiones por menos de 5 millones de dólares (el primer pie en el continente después del derrumbe de la Unión Soviética), a mediados de la primera década del 2000 superaba los 11.700 millones de dólares proyectando duplicar la inversión francesa hacia el 2010 y desplazar sin mayor esfuerzo a Estados Unidos del continente. Implacable en su determinación, China super� al Banco Mundial como fuente de préstamos y créditos al desarrollo para la región y reconfigur� la deuda pública hacia el régimen rojo, forjando deudores continentales dependientes del favor de Pek�n, caotizando así el trabajo de programas internacionales y organizaciones no gubernamentales.

 

Si para el gigante rojo Sudán es su segundo proveedor de hidrocarburos, Angola será su primer proveedor de petróleo. Un petróleo que explota en una decena de gobiernos áfricanos. África representa un tercio del abastecimiento chino de energéticos no renovables.

 

Pero el saqueo no termina aquí. La citada Zambia provee al continente rojo el cobre necesario para su expansión tecnológica, hierro de Sudáfrica (cuarto proveedor de China), cobalto del Congo (materia prima para telecomuÚnicaciones) y de Sudáfrica (su quinto proveedor mundial de este producto), devora los bosques de Liberia y Camerún y agota el manganeso de Ghana para su monumental industria de acero. Y no se dejan esperar las protestas, como la sudáfricana que ve con preocupación el desequilibrio comercial con China causado por el saqueo de materias primas y el retorno de bienes manufacturados chinos para consumo local. No es casualidad el panorama global de naciones que ven multiplicarse el déficit comercial con sus poderosos �socios�, reducióndolos al estado de abastecedores de materia prima.

 

No en vano, en 2006 Pek�n citú a 48 estadistas áfricanos para comuÚnicar sus designios sobre el continente. Acto seguido comenzó el flujo de capitales para iniciar la explotación del gran territorio negro y las carenciadas universidades locales comenzaron a enseñar mandarán. Con una sincronizada agenda de relaciones públicas, el establishment occidental contempl� complacido el trabajo de médicos chinos en zonas que no estaban asistidas por los regímenes locales. Lo cierto es que el continente sufre bajo la extendida explotación de quienes consiguen la consideración mundial a través de unas cuantas fotografías.

 

África, consciente de la suba de las materias primas, ve en el expolio una fuente inmediata de divisas para sus paup�rrimas arcas fiscales. China proclama ser responsable de al menos un quinto del crecimiento del continente (6% anual). La misma agenda de propaganda roja expone el crecimiento acelerado de las moribundas economías rojas como un gran éxito del modelo colonialista. Así se comprende cómo el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) - el mayor del mundo por capitalización burs�til - adquirió un 20% del sudáfricano Standard Bank, el mayor grupo bancario por activos de África. El socio mayoritario del ICBC es el gobierno rojo.

 

Mercado abastecedor, el continente negro también se ha convertido en un enorme mercado consumidor de productos baratos. Hoy en día no es raro ver a la población áfricana comuÚnicarse a través de tecnologiáchina, transportarse, alimentarse, vestirse o asearse con productos rotulados en chino. Productos que, en gran medida, estuvieron vedados por el cierre de las fábricas locales y la explosión del desempleo, como son los casos de Ghana, Lesotho o Sudáfrica. No es un fenómeno aislado o incomprensible, por tanto, la desaparición y secuestro de obreros chinos por parte de la población negra, recelosa y hasta hostil con la invasión legal del régimen de Pek�n. Una invasión, reconozcómoslo, con un fuerte acento y presencia militar. Un mercado de armas, de paso, en auge y con jugosos dividendos para el régimen rojo.

 

Una invasión, es forzoso reconocerlo, consentida y aprobada por la nomenklatura occidental que, en palabras del Council on Foreign Relations (CFR) sólo ven buenas intenciones y anhelos humanitarios. �En los intereses de China� - explica la especialista del CFR Stephanie Klein-Ahlbrandt - �no entra liderar una coalición de d�spotas y genocidas. Está llevando a cabo una marcada revaloración de sus intereses políticos y económicos, que cada vez se asemejan más a los de una gran potencia y menos a los de un país en desarrollo luchando por proteger su soberanóa�, agrega.
 

 

 

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Residentes de Minsk, "ajusticiados" con horca de parte de los comunistas por haber ayudado de alguna forma, aunque fuese insignificante, a los prisioneros de guerra. 1941.

 

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