Esta convulsión dio a los
nacionalistas azerbaiyanos la
oportunidad de tomar el control
del gobierno local y en mayo de
1918 declararon a Azerbaiyán una
república independiente. Sin
embargo la libertad duraría
poco, cayendo el país nuevamente
en 1920, esta vez bajo la
violencia ejercida por el
Ejército Rojo.
Durante sus 71 años dentro la
Unión Soviética, la República
Socialista Soviética Azerbaiyana
fue estrictamente controlada,
especialmente bajo el gobierno
de Stalin y el líder del Partido
Comunista de Azerbaiyán, Mir
Jafar Baguirov,
quien supervisó la
colectivización y las purgas
estalinistas.
A inicios de la década de 1930
el régimen soviético comenzó la
colectivización forzada de la
agricultura, combinando
propiedades privadas dentro de
grandes granjas estatales. Los
granjeros azerbaiyanos se
levantaron en protesta, pero
fueron brutalmente suprimidos
por tropas soviéticas. A la
sombra de la urbanización y la
industrialización, las
represiones extensivas
continuaron durante la década de
1940.
Funcionarios del Partido
Comunista a través de la Unión
Soviética fueron purgados y
ejecutados como parte de la
campaña del líder soviético
Josep Stalin para aniquilar toda
oposición a su gobierno,
incluyendo a intelectuales,
líderes religiosos y políticos,
disidentes y artistas, en la que
sería conocida como Gran Purga
(1938-38). Para 1940, un
estimado de 120.000 azerbaiyanos
habían muerto por acciones
soviéticas directas de
represión.
En
paralelo con las deportaciones
de los estados Bálticos, Ucrania
occidental y Moldavia, el
Cáucaso sufrió de "limpieza" de
las fronteras soviéticas y
transferencia poblacional.
Durante 1949, más de 100.000
personas de varias etnias fueron
deportadas de Azerbaiyán,
Georgia y Armenia a Kazajstán y
Siberia. En total unas 120.000
fueron deportadas sólo de
Azerbaiyán durante las primeras
décadas de la era soviética.
A
fines de la década de 1980 y
comienzos de la siguiente, la
Unión Soviética continuó su
sangrienta interferencia en
asuntos azerbaiyanos y en enero
de 1990 aplastú las protestas
pro-independencia en Bakú,
matando a 137 civiles.